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Lavar los platos y orar




“…El Espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”
Mateo 26:41

Yo lo sé, también lo he sentido, ese imán que te llama, esa atracción intensa que sientes por tu amada cama… es irresistible,  y una vocecita te dice en el interior, tienes que orar, levántate a orar…

Mmmm ahora voy, ya voy, y ese ya voy se pierde entre suspiros y sueños….

Nos da pereza orar porque encontramos que otras cosas son mucho más llamativas que la oración, por eso no nos sentimos atraídas hacia ella. De hecho, humanamente, nunca nos sentiremos atraídas a orar, porque nuestra naturaleza caída, prefiere pasar momentos de diversión, satisfaciéndonos a nosotras mismas, con esas actividades que nos  producen tanto deleite, son  aquellas cosas a las que vuelves constantemente, y puedes olvidarte del tiempo porque te concentras en eso,  nada te distrae.

Y que placentero es pasar tiempo en las redes sociales, revisando las fotos, revisando comentarios, conversaciones, haciendo publicaciones, o simplemente pasar tiempo largo frente al espejo, o frente a la TV, cosas que en realidad no tiene ningún provecho.

El diccionario describe a la pereza como una resistencia o repugnancia a cumplir con los deberes asignados, ¿Te puedes imaginar a ti misma poniendo resistencia a la oración, o sintiendo asco por la oración? ¡Yo no querría imaginarlo siquiera!

Pero así nos ve Dios cuando dejamos  la oración como un pendiente,  ante sus ojos nos vemos desagradables, lentas, negligentes y desaliñadas espiritualmente.

Un corto sueño, una breve siesta,
    un pequeño descanso, cruzado de brazos…  ¡y te asaltará la pobreza como un bandido,
    y la escasez como un hombre armado!
Proverbios 6:10-11

La pereza puede abarcar todas las áreas de la vida, y como jovencitas  nos sentimos sin ganas de lavar los platos en casa, lo sé, también me ha pasado. Es una de las tareas menos apasionantes que debemos realizar, y más cuando se han acumulado ollas del día anterior, puedo decir con toda seguridad que todas las mujeres del mundo, al menos una vez en la vida hemos sentido asco, repugnancia y pereza de hacer ese trabajo.

Sin embargo, es gratificante contemplar la belleza de una cocina reluciente, valió la pena quebrarse las uñas, y empaparse el delantal, porque la cocina ha quedado limpia.

Bueno ocurre lo mismo en nuestra vida de oración, entre más tiempo dilates el momento de sentarte a los pies del maestro, más mugre se acumulará en tu corazón, pero que provechoso es arremangarte  los vestidos espirituales y ponerte a trabajar en tu vida devocional, en tu relación con Dios, porque al final cosecharás de tu trabajo frutos de bendición para tu futuro.

Si me permites, podríamos llevar estas dos actividades y fusionarlas, pues  he descubierto que se hace mucho más ventajoso lavar los platos mientras oro.

Cuando todos en casa se han ido, me han dejado con la montaña de platos vasos y cubiertos, y me doy cuenta que no tengo más remedio que limpiar, me pongo a orar.

Todos se han ido, pero mi dulce Jesús se ha quedado para hacerme compañía; el agua fluye, las pompas de jabón revolotean,  los vasos de cristal chocan entre sí, mientras mis ojos derraman lágrimas y mi corazón le habla.  Puedo realmente sentirlo, Él está allí mirando mis manos laboriosas, y me escucha.

Al finalizar mi trabajo, ya es hora de dormir doy el último vistazo al brillo de la cocina, a Él no le interesa la pulcritud del ambiente, Él da su vistazo al brillo de mi corazón.
…Y yo he hecho dos cosas en una.

Dios nos ha dado la capacidad de ser creativas, podemos buscar maneras de aprovechar nuestro tiempo y ser diligentes para orar, no esperes a ser mayor de edad, no esperes a casarte, no esperes a ser profesional, comienza ahora, conviértete en una mujer diligente, pronta para ejercitarse en lo mejor.






Preguntas de reflexión
  1. ¿Cómo sería tu día si pasaras unos momentos con Dios en la mañana?
  2. ¿Como te ayuda la oración en diferentes momentos de prueba?
  3. ¿Luchas contra la pereza? ¿Qué medidas puedes tomar para hacer de la oración una prioridad en tu vida?
  4. Las tecnologías actuales nos roban mucho tiempo. ¿Cómo puedes usar tus dispositivos electrónicos de manera que te ayuden en el crecimiento espiritual?
  5. ¿Qué cosas deberías hacer cuando no te sientes con deseos de orar?

ACERCA DEL AUTOR

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.

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“Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas”

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Continuamos leyendo:
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