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¿Por qué vino Cristo?





“Porque de tal manera  amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. “ Juan 3:16


En mi país, Chile, este versículo ha sido conocido por décadas. Los cristianos de antaño salían a predicar a la calle recitando este verso que animaba a las personas a creer en Jesús. Si hay un versículo que el mundo cristiano conoce de memoria ten por seguro que es este.

¿Eres consciente de la importancia que tienen estas palabras? En ellas vemos claramente la misión por la cual Cristo vino al mundo ¡para darnos salvación!

Y la salvación es el regalo más grande que tú y yo hayamos recibido jamás. Si no la tienes, este es un regalo de Dios dado por gracia y se recibe por la fe en Jesús.

Esta magna misión incluía: Su sacrificio, muerte y resurrección, pero hay más, mucho más.  Jesús vino para darnos libertad del pecado y perdón de  todos ellos.

“El camino al perdón tiene nombre, Jesús” (del libro “Eres perdonada”), ¡sí! Jesús tuvo un camino que trazó para nosotras para que pudiésemos recibir ese perdón. Ese camino fue Su calvario, Su dolor, la burla, los azotes.  La entrega de Jesús significó tu perdón, mi perdón.

No hay más grande amor que el amor de Dios por la humanidad. Y el amor de Jesús demostrado en la obra de la cruz permitió la reconciliación en la relación personal con Dios y, por medio de Cristo, recibir el perdón de todos nuestros pecados por fe y por gracia.

Sinceramente, para mí este versículo era una repetición de muchas cosas que hacíamos sin calcular el valor, el amor y el propósito por el cual vino Jesús, pero hoy cobra tal importancia al recordarme una vez más el amor de Dios por mí y la obra portentosa de Jesús en el Gólgota, el perdón que trajo a mi vida.

“Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.” Juan 3:17

Si de algo estoy segura, y la Palabra de Dios aquí escrita lo señala, es de que Jesús no vino para condenarnos, sino para perdonarnos, salvarnos y darte a ti y a mí la oportunidad de restablecer una relación íntima y personal, de amarle, servirle, obedecerle y traer gloria a Su nombre.

La clave es creer en Jesús. Nuestra parte, creer por fe y la parte de Dios, Su Gracia abundante.



ACERCA DEL AUTOR

Elba Castañeda
Esposa y madre de tres jóvenes energéticos, sirve al Señor junto a su esposo como pastores desde hace 16 años. Egresada del Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios en Valparaíso-Chile. Divide su tiempo entre las actividades de casa y la iglesia. Se destaca como una mujer con un espíritu joven. Puedes encontrar más de sus escritos en El Gozo de ser Mujer. 

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