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En busca del amor


“Hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones”. 
Salmo 103:13

Estuve pensando en la mujer adúltera de San Juan 8, y lo mucho que tiene que ver con nosotras. Tú y yo.

La joven adúltera estaba comprometida. Había preparado un vestido blanco, soñado cada día al lado de este magnífico hombre, se había casado, estaba saboreando el romance de estar junto a él y ahora tenía un compromiso de por vida: permanecer junto a él. Se parece a nosotras, preparando un vestido Santo, esforzándonos por conocer a Jesús cada día, permaneciendo en la intimidad de su palabra, tú y yo estamos comprometidas de por vida a permanecer junto a Jesús.

A pesar de tan maravillosa historia, para ella no fue suficiente, se cansó de ese amor, pensó que en otra parte le ofrecerían algo mejor y desvió la vista de su prometido para fijar los ojos en alguien más. 
 A veces para ti y para mí, Cristo no es suficiente, lo amamos, sí que lo amamos, pero sentimos la necesidad de abrazar en el corazón la imagen de un romance más, que pueda satisfacer momentáneamente el deseo interior. ¿Qué ocurre cuando comienzas a tener encuentros tiernos con pensamientos de aquel chico?, ¿Qué pasa cuando  le das a tu corazón pequeñas dosis de material romántico?, ¿Qué te sucede cuando le dices sí a ese chico que te pretende, aun sabiendo que no es lo correcto? Estás poniendo en duda el amor de Cristo y aunque no lo digas, estás diciendo: el amor de Cristo no es suficiente.

La joven adúltera fue quebrantada cuando se entregó por completo a un amorío equivocado, fue asaltada por la gente del pueblo, halada de los cabellos y arrastrada por todas calles; en el fondo de su corazón sabía que había cometido un grave error demasiado tarde para corregir.  Tú y yo fuimos quebrantadas, ¿recuerdas tu primer amor?, ¿recuerdas la manera en que te entregaste a ese alguien esperando recibir algo a cambio y luego darte cuenta lo lejos que fuiste y lo errada que estabas?, ¿recuerdas el llanto y la depresión que no pudiste contener? El quebranto estuvo allí.

La muerte se acercaba para esta mujer, pero ese día quienes la llevaban desviaron su paso trayéndola ante el maestro, ella esperó el castigo de su pecado, sin embargo ni una sola piedra cayó y por alguna extraña razón la gente se alejó, ahora estaban solo ella y Jesús quien con amor expresó las palabras sublimes de su libertad: “Yo tampoco te condeno”. Por primera vez la joven adúltera entendió que ninguna condenación hay para los que se acercan a Cristo Jesús y se puso en pie experimentando el gozo de ser perdonada.

Abandonaste a tu amado, y fuiste tras otros amantes, pero la oportunidad de ser redimida está a solo un paso de ti, no importando lo pequeño o grande de tu infidelidad si tan solo te acercas a Jesús de Nazaret  podrás experimentar el gozo de ser perdonada.

¡Nuestro amado redentor aleja de nosotras el pecado que cargamos, lejos, muy lejos!

Todo quedó dicho por el Maestro: “Vete y no peques más”. La redención para la joven adúltera significó ese día regresar a casa con su esposo, humillarse ante él y pedirle perdón, despojarse de sus vestiduras adúlteras y restaurar su lecho de amor. 

Para nosotras la redención significa algo especial, solamente podemos amar cada parte de nuestro maestro con cada parte de nosotras, cuando cada parte de nosotras ha sido bañada con cada gota de su sangre. 

La redención es regresar a nuestro amado Cristo, pedirle perdón, soltar todo aquello que nos ataba a falsos amores,  para luego restaurar nuestro lugar de intimidad con Dios, de rodillas, con lágrimas y en oración como solíamos hacerlo antes. 
Vuelve a tu amado Señor Jesús.



ACERCA DEL AUTOR

Angélica Jiménez
Hija de pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy. 






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