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Comprometida no importa lo que pase



 “Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan”. Hechos 12:2

¿Te diste cuenta que el cristianismo se puso de moda? Multitudes se congregan, asisten a eventos, conciertos, conferencias, y dicen seguir a Cristo con pasión. Pero, si de repente se les diera a elegir entre morir o vivir por causa de Cristo ¿Cuántos quedarían?

Con las facilidades de la vida moderna, también los cristianos nos hemos acomodado en las sillas del templo, nos resignamos a vivir una vida religiosa, suave y confortable, donde a todos cae bien. Pero mientras más escudriño la vida de los primeros cristianos, más me doy cuenta de que las cosas no eran tan cómodas.  

Miles de personas que declaraban su fe en el hijo de Dios terminaban en una red de catacumbas romanas, otros eran la mofa de los espectáculos en el coliseo romano donde cruelmente tenían que morir, y esto no queda allí:

“Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra”. 
 Hebreos 11: 36-38

Literalmente los cristianos eran repugnados hasta la muerte por la sociedad, esta es la otra cara de los seguidores de Cristo que hoy día nosotros mismos no queremos ver.

Juan y Jacobo tenían una fe tan arraigada en Jesús que su compromiso de seguir a Cristo sin importar el precio era hasta el final, esto a Jacobo le costó la vida, muerto por la espada de Herodes, a Juan le costó el exilio, apartado de todo y de todos por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo (Ap.1:9).

Puede que no te apunten con un arma en la cabeza, o te encarcelen, pero el sufrimiento sí puede significar  la desaprobación cruel de las personas por tus convicciones,  experimentar el rechazo quienes más amas, o ser apedreada por comentarios humillantes de tus profesores, posiblemente ser aserrada, cortada a la mitad por aquella mirada ofensiva de quien te ha declarado la guerra, quizás signifique ser exiliada de tu círculo de amigos llamados “cristianos” y en algún punto terminar errante por las calles de tu ciudad porque te tildan de fanática religiosa, por mantenerte fiel al amor de tu Señor y único salvador.

Si crees que esto es demasiado, tendrás que evaluar tu compromiso con Dios, ya que cualquiera que siga al maestro estará dando la espalda al mundo, y esta elección traerá lagrimas, pero una joven que mira fijamente a Cristo tendrá estos sufrimientos como leves tribulaciones, nada comparados con lo que han sufrido y siguen sufriendo los mártires de la iglesia, y mucho menos comparado con la gloria eterna que nos espera cuando le contemplemos cara a cara.

Seguir a Jesús sin importar el precio te moviliza a dar pasos de fe, te lleva a considerar el gozo de estar más cerca de Él para recibir su consuelo cualesquiera sean las circunstancias, te recuerda que nada material vale la pena, porque seguir su amor lo llena todo. Seguirlo te transforma por completo. 
   
Yo me pregunto ¿Hasta qué punto estamos dispuestas a sufrir por seguir al Señor?
 No tengas miedo de correr hacia Él para seguirlo cueste lo que cueste, Sigue caminando, no te detengas, Él ya lo sufrió todo, Él ya lo venció todo, y por ese amor sufriente y vencedor, tú puedes cargar con gozo la Cruz.

Si sufrimos, también reinaremos con él;
Si le negáremos, Él también nos negará.

2 Timoteo 2: 12




ACERCA DEL AUTOR

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.

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