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El pecado de tener demasiado


“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad”. Eclesiastés 5:10

Como jóvenes que quieren crecer en la fe deseamos ser transformadas, pero cuando Él nos señala aquellos detalles que incomodan tapamos la voz de Dios hasta olvidar aquel asunto pendiente.  

Pero seamos honestas: ¿Podrías considerar la avaricia como un pecado que obstruye tu deseo de ser transformada por Dios? Veamos:

 “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré”. Hebreos 13:5

¡Ouch! Creo que Dios hurgará sin piedad  nuestro cuarto hoy.

¿Realmente necesitas una prenda más en el guardarropa? ¡Ya tienes docenas y algunas sin utilizar! Podrías quizá dejar de leer este post y hacer la cuenta de cuántos pares de zapatos tienes y sin contar con los que ya planeaste comprar. ¿Revisaste la estantería de libros y cuadernos?, ¿y qué hay de los accesorios para tu vestimenta? Anillos, cinturones, pañoletas, relojes, pulseras, esas cosas para la cabeza y la lista sigue. ¿Cuántos productos de belleza has acumulado ya? ¿Realmente son todos necesarios?

Nuestro problema radica en que pensamos que no tenemos lo suficiente. Lo que tenemos no nos satisface, nos cansamos de nuestras posesiones porque en la vitrina del shopping  siempre habrá algo mucho más lindo que lo que tenemos.

Pero sabes, la avaricia no sólo aplica a las que tienen mucho, también a las que tienen poco.  ¿Piensas que no tienes nada, que eres pobre y que lo demás deberían darte a ti?
Cuando te resientes con otras chicas porque tienen algo más que tú, te conviertes en una chica desagradecida con Dios por lo que te ha dado, tu corazón avaro se expone cuando alguien te pide algo y con desprecio le dices que no tienes porque eres pobre.
¿En verdad necesitas amarrarte a esa condición de escasez como excusa para retener lo que posees? ¿Crees que Dios se agrada de un corazón que abraza con resentimiento un estigma de pobreza? Créeme que aún con lo poco que Dios te ha dado puedes bendecir la vida de muchos otros, siempre hay algo que puedes dar.

Realmente me inspira que Mateo estando en una posición acomodada haya tomado la decisión de dejar su oficio de cobrador  impuestos (en los que ganaba su buen porcentaje) para ir tras Jesús donde no ganaría ni un centavo. Esto me hace pensar en el hecho de que querer tener más aunque sea el impulso de tener tan solo esa camisita que está a mitad de precio nos ciega de la verdadera realidad en el mundo entero, millones de chicas no tienen lo que nosotras tenemos. Cristo transformó el corazón de Mateo cuando lo expuso a todos sus viajes conviviendo con la realidad de aquellos que vivían sin un centavo en su bolsillo.

Bueno, qué tal si hacemos algo, sea que tengas un montón de cosas almacenadas, o no tengas casi nada. Vayamos a nuestras posesiones, revisemos con cuidado las cosas que en verdad no necesitamos, luego pensemos en alguien que desearía ocupar nuestro lugar y tener en este momento lo que nosotras tenemos.

Cambiemos ese objeto olvidado entre muestras cosas por la sonrisa de una nueva amiga,  será mucho más alentador darte cuenta de que no estás atada a las riquezas de este mundo, sino que con libertad puedes despojarte de ellas para suplir las necesidades de otros.


Resiste la avaricia, sé generosa:  Despojarte de algo para llenar el corazón de otros es una experiencia que no puedes ponerle  precio, te reto a experimentar.



ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.

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