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¿Por qué Señor?



En muchas ocasiones cuando las cosas se ponen difíciles en el diario vivir damos lugar a la duda, dejamos que el dolor tome lugar y nos comenzamos a lamentar incluso cuestionamos a Dios como lo hizo David en este salmo.

Salmo 13 ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?

Aquí en el primer verso notamos una desesperación cuestionando ¿Hasta cuándo Señor? En esos días llegamos a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros y damos lugar a la desesperación.

2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, Con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

Llega un momento que estamos muy concentrados en el dolor, viendo solo lo negativo que pensamos ¿Hasta cuándo va a durar? ¡Quiero que ya se acabe este dolor!

3 Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte;

Solemos pensar que Dios nos ha abandonado que incluso no nos ve ni nos escucha. Pensamos que estamos solos en medio de ese problema que nadie nos entiende o que nadie está dispuesto a ayudarnos.

4 Para que no diga mi enemigo: Lo vencí. Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.

Y podemos llegar a un punto de querer guardar las apariencias en medio del dolor para que nuestro “enemigo” no se percate de nuestra situación y así no ser vulnerables ante él.

5 Mas yo en tu misericordia he confiado; Mi corazón se alegrará en tu salvación 6 Cantaré a Jehová, Porque me ha hecho bien.

Aun en medio de toda esta situación que vivió David y que en muchas ocasiones llegaremos a vivirla nosotros también, aunque cuestiono y se quejó dando lugar a la duda y dolor todo esto fue dentro de una Oración. Él oro, tal vez, no de una manera usual pero sí que era una oración real a Dios.

Es eso lo que nos enseña Dios a través de este salmo que aun en medio del dolor no nos concentremos en ello pues, perdemos de vista a Dios. Justo en esos momentos es cuando debemos de confiar más en Dios y en Su inagotable amor y misericordia. Él nos llenara de esa paz inexplicable y con Su alegría nos cubrirá.


Así que en lugar de cuestionar a Dios en esos momentos diciéndole ¿Por qué Señor? ¿Por qué a mí? Reflejando ansiedad y duda en nuestro corazón, digámosle ¿Para qué Señor? ¿Qué es lo que me quieres enseñar? Y estemos siempre en una actitud de aprender tengamos un corazón enseñable y Dios nos sorprenderá con todo lo bueno y maravilloso que puede sacar de nosotros en esos momentos de angustia.


Gracias Señor porque aun en esos tiempos cuando te solemos sentir lejos es cuando más cerca estas de nosotros cuidando Señor nuestras vidas y familias, gracias Señor por tu amor y misericordia inagotable. 






ACERCA DEL AUTOR

Kary de Zavala
Rescatada por la Gracia de Dios, ahora esposa y madre de gemelos, cada día busca aprender más acerca de Cristo y el servicio en Ama a Dios Grandemente y JóvenesADG.



Se denomina así mismo como una mujer determinada que confía y cree en el propósito de Dios para su vida y su familia. 

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