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Estancamiento espiritual



Estando persuadido de esto que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.  Filipenses 1:6

En lo que va del año, ¿Qué logros has tenido? ¿Qué virtudes has desarrollado y qué debilidades has conquistado? ¡Felicidades si has logrado mucho!
Pero vayamos un poco más profundo y lee un poco más despacio: ¿Qué virtudes está desarrollando Dios y en qué debilidades se está perfeccionando el poder de Cristo en tu vida?

Si sabes de lo que estoy hablando, seguramente te sentirás como yo, decepcionada y un tanto triste pues, noto que cuando me propongo avanzar en el recorrido de madurez espiritual, es cuando más yerro, no logro batir un record de santificación, no logro hacerlo mejor que ayer y si miro hacia adentro las virtudes todavía siguen siendo semillas en brote y las debilidades todavía siguen siendo obstáculos para mi fe.

Quiero explorar contigo las riquezas de Filipenses. Al leer tan solo el primer capítulo del libro lo primero que salta a mi vista es que esta no es una carta cualquiera, está cargada de sentimientos profundos. Pablo escribe una carta de amor y gozo a una iglesia que ama sinceramente, pero lo que hace que esta carta sea emotiva es la situación en la que se encuentra Pablo,  sujeto a las más bajas condiciones de vida humana donde lo que abunda es el sufrimiento. El peso de su circunstancia hace que las palabras contenidas cobren mayor valor para los filipenses y para nosotras, Esto es lo que nos hace decir: en verdad estás hablando de un genuino gozo.

Pablo no se deprime por el sufrimiento que le tocó, él está en prisión orando gozoso por la Iglesia en Filipos y la primera imagen que viene a su mente es la de una comunidad cristiana que ha abrazado la enseñanza del evangelio, se ha apropiado de ella y ahora la comunica a otros con fervor, Así que mientras ora, Pablo se goza por la hermandad, y el compromiso que los filipenses tienen en el evangelio.

Este recuerdo que le produce gran gozo es lo que lo lleva a escribir el verso de Filipenses 1:6. Pablo está cien por ciento seguro que el que comenzó la obra en cada creyente de Filipos, la perfeccionará hasta terminarla.

“No hay salvación que no incluya una vida transformada”. Gordon D. Fee 

Así como nosotras, cada hermano Filipense estaba en un momento del proceso que Cristo comenzó en su vida, para todos este proceso ha comenzado con la salvación y para todos debe terminar en la perfección en el día de Jesucristo, pero todos los que nos hallamos en Cristo debemos experimentar una  continua transformación.

Este cambio no es por nuestros propios méritos de autoayuda, se trata de lo que Dios mismo está realizando en tu vida porque Dios comenzó la obra enviando a Jesucristo para otorgarnos la salvación, y Dios terminará la obra enviando a Jesucristo para otorgarnos la vida eterna.

A veces nos decepcionamos de lo poco que hemos logrado, a veces pareciera que vamos por un camino de retroceso  y la angustia de no avanzar nos invade. En momentos así atesora las experiencias  a solas con Dios ya que Dios es quien a través de Jesucristo nos llena de frutos de Justicia para traer gloria a su nombre.

¡Quisiéramos ser perfectas cristianas llenas de frutos! Pero no nos corresponde a nosotras apresurar los tiempos ni la voluntad de Dios. Él es quien comienza la obra y quien la termina, nuestra tarea es orar, esperar, colocar nuestra mirada fija en el amado y gozarnos en la esperanza de la perfección.



ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.



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