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La fortaleza de ser suave




“Y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallareis descanso para vuestras almas”. Mateo 11:29

Pienso que el ritmo que hoy se toca en el alma de las personas parece heavy metal, muchísimo ruido estridente con decibeles por las nubes y prácticamente nada de contenido.

Con tanta saturación que hay en un corazón sin Cristo el espíritu se irrita con facilidad haciendo de la violencia, la ira y el desenfreno de palabras  un paquete completo de destrucción, de todo lo que se atraviese a su paso.    

Esto chicas, es enfrentarse a  artillería pesada y no está muy lejos de ti, cualquier rincón donde existan personas irritadas se convierte en un campo de batalla donde la lucha se gana cuando uno más altivo logra superar al otro.

Jesús vino a mostrarnos una forma de vida opuesta a espíritus iracundos, su mismo ejemplo de vida nos enseña lecciones sobre el valor de un espíritu suave y dócil en el trato con los demás  que nosotras estamos llamadas a imitar.

Cultivar un espíritu manso es crucial para mantener a raya impulsos carnales (actuar alocadamente, con ira, con prepotencia, con egoísmo) que de otro modo ocasionarían grandes problemas para nuestra integridad espiritual.  La mansedumbre te capacita para hacer frente a discusiones familiares, te ayuda a sobrellevar los múltiples estados de humor de las personas en tu estudio o trabajo, te proporciona el ánimo para dejar pasar por alto la ofensa y ser pronta en perdonar. 

Además, una gran fortaleza que proviene de la gracia de Dios para tener un espíritu suave es mantener la sobriedad en tu estado de ánimo, es decir, mantenerte en calma aunque otros descarguen en ti todo su enojo.  Una joven que no posee esta cualidad en su carácter será presa del estado de ánimo de las demás personas, se verá enredada en un día de altas y bajas constantes porque no supo contraatacar las palabras ofensivas.  


La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa. 
Proverbios 19:11

 Aprende a Cristo, convivía con doce, pero no se dejó llevar por el estado de ánimo de ellos, su espíritu pacífico intervino cuando entre los doce discípulos surgieron diferentes opiniones y  los niveles de tensión superaron lo normal.

Esta es la belleza de un gran contraste que debes imitar, encontrar fortaleza en la suavidad del carácter se convierte en una cualidad totalmente distinta de lo que una persona exasperada puede trasmitir.  

Cristo deja bien clara la enseñanza para nosotras: “… y hallareis descanso para vuestras almas”. 

Esta es la promesa: que cuando dedicas energía para imitar el carácter de Cristo tu espíritu encontrará tranquilidad por más que a tu lado el mundo esté al revés, que al cultivar suavidad en tus palabras tus relaciones se verán afectadas de manera radical, haciendo que tu convivencia sea  más armoniosa.

Este no es un curso  de tres meses por el que puedas pagar, este es un proceso de santificación continuo que solamente el Espíritu Santo puede derramar sobre tu vida en tanto tú estés dispuesta a hacerlo.


Permite que esa obra continua de fruto en tu corazón, deja que el Espíritu Santo traiga a tu memoria momentos en los que perdiste el control estando tu espíritu se encontró irritado y deja que Él forje en ti un carácter suave de tal manera que en el trato con los que te rodean des la gloria a Dios.


ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.




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