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Cristo llena mi ser con tu luz


“Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana”.  Apocalipsis 22:16

Si queremos apreciar las estrellas, por lo general, buscamos la noche más despejada para disfrutar de un hermoso firmamento adornado de puntitos brillantes. No es muy común ver estrellas en la mañana, pero puedes apreciar la belleza de alguna de ellas en la madrugada, mientras nace el sol y el día aclara, las estrellas se ocultan poco a poco hasta quedar una sola.

Su nombre es la estrella resplandeciente de la mañana.

No hay lenguaje en la faz del planeta que contenga palabras más excelsas para describir la grandeza de Cristo por sí solas, por eso él ha dejado su imagen revelada en el firmamento. Se muestra a nosotros como la estrella resplandeciente de la mañana, para que al contemplar el destello de esa única estrella resplandeciendo sobre el claro firmamento de un día que comienza, nosotros recordemos que esa es sólo una imagen visible del Dios invisible. Como esas pocas estrellas apreciadas de madrugada, Cristo es único en su belleza.

Ese fulgurante lucero descendido del cielo, recostado sobre un pesebre, sentado sobre un pollino y colgado sobre un madero vino para levantar por fin el denso velo de tinieblas que caía sobre nuestros ojos,  enredaba nuestras manos y pies hasta envolvernos y hacernos tropezar.

 El salvador de nuestras almas además de irradiarnos belleza se ha convertido en nuestra guía, su luz brilla para mostrarnos el camino mientras transitamos por los tormentosos valles de sombra y de muerte.

"Aquella luz verdadera que alumbra a todo hombre, venía a este mundo". San Juan 1:9

En tu luz veremos la luz

Los destellos de la vida de Cristo esos como su amor con que nos amó, las palabras que nos dejó, su misericordia con que nos alcanzó, se intensifican a medida que nos acercamos con humildad ante él, y mientras damos un paso al frente esa luz que irradia sobre nuestro corazón nos lleva a experimentar aún más claridad sobre nuestro propio interior. Solamente si dejamos que la luz de Cristo nos atraiga y repose sobre nosotros, veremos con mayor claridad.

“Porque contigo está el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz”. Salmos 36:9

La anchura y la profundidad de nuestro maravilloso Cristo se encuentran contenidas en sus gloriosos nombres, él es la única estrella que resplandece en la mañana, él es el único camino hacia Dios, él es el único manantial que produce vida y la produce en abundancia.

 ¡Oh cuanto anhelo poder  verter su nombre sobre mí!  Que Su santo nombre sea sobre nosotras sea como ungüento derramado gota a gota mientras disfrutamos del aroma de su presencia. Oh que la luz de su nombre nos haga ver con mayor claridad la firmeza de las decisiones que estamos tomando, la seguridad con la que estamos encaminando nuestros pasos.

Que el destello de su presencia alumbre tus vestiduras y las mías, y si su luz descubriera manchas sobre el blanco de nuestras ropas, podamos ser prontas para lavarnos.

Las tinieblas producen confusión pero yo no quiero que la oscuridad nuble mis ojos porque no quiero perder de vista lo que la gloria de Cristo sobre puede hacer sobre mí, hasta que le pueda conocer cara a cara.

“Ahora vemos de manera imperfecta, como reflejos desconcertantes, pero luego veremos todo con perfecta claridad”. 1 Corintios 13:12


   
ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.




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