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eterno e infinito Dios



“Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios”. 
Salmos 90:2

No hay manera que pueda imaginar la infinidad de Dios, pero me las arreglo para tener una idea de esta maravilla que los humanos no conocemos.

Imagínate que Dios ha presenciado en forma directa el origen del universo, en el espectáculo de la creación el primer destello de luz solar fue observado por los ojos de Dios, estuvo expectante al nacimiento de los vastos bosques y mientas soplaba aliento de vida sobre el primer hombre su corazón se agitaba esperando a que el nuevo ser interactuara por primera vez con Él.

 Además de todos esos particulares episodios, Dios ha estado presente en el surgimiento de las civilizaciones, Dios ha conocido el corazón tanto de reyes imperiales como de simples esclavos de los que no tenemos si quiera rastro de su existencia. Dios atestigua sobre esta era moderna y cada acción en la gran red de Internet pasa por sus propios ojos, Él mismo escribió en detalle el futuro y los últimos minutos de vida sobre nuestro finito planeta tierra, ya han sido revisados por la memoria divina.

 En resumidas cuentas Dios ha sido, es y será testigo directo de todos los acontecimientos a su alrededor, cada minúsculo detalle que ocupe o no tiempo y espacio ya tiene un asistente evaluador. Eso nos puede dar una pequeña idea sobre la infinidad de Dios.

 Así que ante la agudeza de los ojos que todo lo observan, ¿Quién podría decir “yo conozco los límites de Dios”?

Los seres humanos tenemos el pensamiento distorsionado, como  vemos todo al revés y nos dejamos llevar por la grandeza de nuestros logros creemos tener la suficiencia de tener a Dios esculpido en la palma de nuestras manos y que por ello tenemos el derecho de exigirle actuar de tal o cual manera.  Pero resulta que Él es Dios, jamás actuará por imposición humana; dictarle a Dios o darle alguna sugerencia  es limitar sus posibilidades, juego en el que Dios no está dispuesto a entrar.

Es como en Narnia, queremos mantener al león todo el tiempo sujeto a nosotros, donde podamos seguir de cerca cada paso que da, pero el Sr. Tumnus le recuerda a Lucy Pevensie que ese León no está domesticado. No podemos domesticar a Dios, ni podemos mantener el rastro de sus pasos, Él se revelará a nosotros cuando Él mismo lo desee.

Y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre) lleno de gracia y de verdad.
 Juan 1:14

Juan describe una de las revelaciones de Dios más trascendentales para la humanidad: que el Dios infinito decide reducir su grandeza hasta hacerse mortal y finito, la hermosura de su grandeza transfigurada en raíz de tierra seca y sin atractivo haciéndose huesos de nuestros huesos. Pero su divinidad no lo abandonó, lo acompañó por los caminos de Palestina y todos aquellos que como Juan pudieron vislumbrarle fueron testigos de la Gloria del infinito Hijo de Dios encarnado.   

¿Qué hay en los límites de Dios?    

De su abundancia, todos hemos recibido una bendición inmerecida tras otra. 
Juan 1:16 NTV


Si lo hemos recibido como Salvador, tenemos carta abierta para adentrarnos en Su infinidad. Puesto que somos indignos de contemplarlo, el temor reverente se debe apoderar de nosotras mientras nos acercamos ante Su majestad.  ¿Qué podemos experimentar mientras caminamos hacia la santidad de Dios? Su interminable grandeza contiene Gracia inmerecida, una tras otra, toda dispuesta para ti y para mí.   





ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.



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