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Lágrimas que lloran la muerte del amor


“El corazón contento alegra el rostro; el corazón quebrantado destruye el espíritu”.
Prov. 15:13 (NVI)

Lo amaste, en verdad lo amaste.  Se nota, porque mientras miras su foto todavía en el espejo de tu alcoba, lágrimas humedecen tus mejillas.

Te duele, en verdad te duele. Se nota, porque aunque vives, te has perdido en el lúgubre recuerdo del ayer…

¿Cuánto tiempo has llorado por ese chico? Ya pasaron meses o años quizá y todavía sientes que no lo puedes superar.  Romper una relación es ser testigos presenciales de la muerte del amor y eso es devastador.

 La ruptura de una relación viene con el combo completo a veces en mayor o menor medida, pero la experiencia con la melancolía, la tristeza y las noches de llantos interminables se tienen que vivir. Lo arriesgado de este proceso de duelo es estar en el andén equivocado y tomar el tren directo al precipicio depresivo.

Los sentimientos de depresión tornan el corazón rocoso y el espíritu enemistado contra Dios, la mente llena resentimientos sólo puede evocar palabras negativas y aún el rostro lleva consigo ciertas marcas de decaimiento y pesadez que nos son otra cosa que la carga que oprime el corazón.  ¿Has escuchado o dicho estas frases?:

“Ya no creo en el amor”: Muchos que han atravesado por rupturas amorosas  se vuelven en contra del amor, de allí vienen sentimientos de desprecio hacia el otro género  como por ejemplo: “Todos los hombres/ mujeres son iguales”. Pero decir que ya no se cree en el amor es volverse en contra de Dios porque “Si alguno dice: yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quién ha visto, ¿Cómo pude amar a Dios a quién no ha visto?”. 1 Juan 4: 20  

“Nunca voy a volver a amar”: esta frase revela un corazón que ha experimentado el amor puramente humano, y como el amor humano no es perfecto este corazón airado rechaza el amor,  tal corazón no ha conocido verdaderamente el amor de Dios porque “El que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor”. 1 Juan 4:8

“Si no es con él, no es con nadie”: Este corazón perverso está obsesionado y enceguecido por  esa persona. Atormentado por poseer ese amor descarta totalmente a Dios y levanta idolatría sobre la otra persona, al momento de la ruptura este corazón se escandaliza con amenazas como “Si me dejas te juro que te mato/ me mato”. Este corazón nunca nació de Dios y vive bajo la esclavitud del maligno porque: “En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano no es de Dios”.  1 Juan 3:10

Entonces: ¿Hay una manera sana de atravesar por el dolor de una ruptura amorosa? Sí.

“Dichoso el que tiene en ti su fortaleza...
Cuando pasa por el valle de las lágrimas lo convierte en región de manantiales...
Según avanzan los peregrinos, cobran más fuerzas, y en Sion se presentan ante el Dios de dioses”.
 Salmos 84:5-7 (NVI)

El dolor llega y hay que pasarlo, sólo se trata de atravesar un valle de lágrimas sin tener que quedar se atascada en él, se convierte en un manantial de lecciones profundas y experiencias de consuelo divino cuando fijas en Cristo tus ojos y permites que sólo él sea tu fortaleza.  Además de proveer fortaleza, el Señor provee sanidad para ti a través de amistades que te llevan a Cristo y familiares que estarán allí para levantar tu ánimo caído.

No te hundas, avanza sobre el dolor.


…Lo perdonaste, en verdad lo perdonaste. Se nota, porque tus ojitos han despertado y la calidez de tu corazón sonroja tus delicadas mejillas.




ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez

Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.




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