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El aislamiento no es tu protección


“Temer a los hombres resulta una trampa, pero el que confía en el Señor sale bien librado”. Proverbios 29:25 (NVI)

Conocer el mundo exterior a veces no es tan placentero, la gente dañada por el pecado avanza hacia niveles cada vez más extremos de maldad. Algunos dicen que se avecina la tercera guerra mundial; yo creo que ya estamos en guerra todos contra todos.

Comprender el significado de palabras ofensivas como inútil, fea, gorda, sucia, etc, o el significado del rechazo envuelto en miradas despectivas y hechos de violencia como asesinato, violación, extorsión, esclavitud, nos abre una puerta de rápido escape hacia la desconfianza. Lo notas cuando caminas por ciertas calles, sigilosa, sosteniendo con fuerza tu cartera, ansiando llegar a casa para activar todos los sistemas de seguridad y ponerte al resguardo de individuos semejantes a ti.

El temor a las personas se disfraza con la indiferencia, con la moda de ser antisocial, con el aislamiento, o la timidez. Es algo que no se expone a los cuatro vientos porque nos avergüenza, preferimos huir de aquello que tememos mientras cargamos con ese bagaje en secreto.

Hoy quiero que seamos francas para abrir el corazón y dejar que la luz de Su palabra alumbre nuestro encierro para salir pronto de allí.

El temor hacia las personas puede surgir como un escudo de protección cuando experimentas el menosprecio o eres gravemente lastimada por otros, especialmente cuando son allegados a ti. Nuestra naturaleza nos dicta que ante el rechazo de alguien, lo mejor es apartarse de todos para así protegernos de futuras ofensas. Una respuesta natural que encierra una trampa mortal.

¿Dónde está la trampa?

Proverbios 29:25 nos dice que temer a las personas resulta ser un engaño, no para los demás, sino un lazo ¡para nosotras mismas!

Piensa en cualquier ofensa que haya marcado tu vida y en tu respuesta hacia ello. Seguramente tu reacción fue apartarte de quien te ofendió, y si revisas a lo largo de tu vida, puede que lo hayas hecho con muchas personas. La peligrosa trampa radica en que mientras te proteges construyendo paredes reforzadas, estás quedando lentamente atrapada entre murallas de concreto difíciles de atravesar, aprisionada en el aislamiento y condenada a una solitaria muerte.

Mira que Jesús no instruye a sus discípulos para que lleven una vida cristiana de encierro ni para mantener el evangelio bajo llave. Él sabe que sus discípulos se enfrentarán a gente malvada dispuesta a usar toda la artillería a su disposición, y aún así los envía al campo de batalla, diciéndoles ¡No teman! (Mt. 10: 16 - 33)

Tu mejor protección es Cristo

“Escúchenme, ustedes que conocen lo que es recto; pueblo que lleva mi ley en su corazón; no teman el reproche de los hombres ni se desalienten por sus insultos”. 
Isaías 51:7 (NVI)

Salir del encierro no es una opción, es una demanda. Si permaneces allí te aguarda sequía espiritual. La gente seguirá lastimando tu corazón pero en Cristo tú posees una vía de escape mucho más segura que paredes de concreto. Permite a Dios cuidar de ti; abandona esa cárcel de concreto y escóndete en Cristo, la Roca inconmovible de los siglos. Allí ninguna ofensa atraviesa el corazón, por el contrario en Cristo, la Roca, puedes abrir tus brazos para amar y perdonar a quienes te hieran.

Querida amiga estamos juntas en esto. Necesitamos guarecernos en el refugio eterno, y allí experimentar liberación que nos permita enfrentar la gente, caminar entre ella y convivir sin temor a ser rechazadas o lastimadas.

“Jehová está conmigo; No temeré lo que me pueda hacer el hombre”. 
Salmos 118:6






ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez

Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.




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