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1 Y 2 Tesalonicenses - Descarga tus materiales




Autenticidad. Es una de esas cosas que las personas están comenzando a valorar cada día más. Queremos amigos reales, con los que podamos ser transparentes y que nos amen a pesar de nuestros errores. Queremos poder hablar de cosas serias y no solo de cosas superficiales. No solo QUEREMOS autenticidad, la NECESITAMOS.

En ocasiones, cuando vamos a nuestras Biblias, el lugar al que vamos a encontrar la verdad, la vemos un poco irreal. Leemos sobre hombres y mujeres a quienes consideramos “gigantes de la fe” y pasamos una mirada rápida sobre sus fallas. Leemos de aquellos héroes de la fe que soportaron grandes sufrimientos con firmeza y esperanza, y tenemos problemas al relacionarnos con ellos. Pero cuando leemos nuestras Biblias con más profundidad podemos observar que no se limita a esconder los detalles de sus desafíos ni los aspectos más íntimos de su fe.

Las dos cartas a los Tesalonicenses son dos ejemplos importantes para nosotras. En estas cartas, escritas por Pablo, leemos de cristianos que hacían cosas muy bien, como amarse los unos a los otros, pero que luchaban con otras de manera constante, como la obsesión por la venida de Cristo o ser perezosos y haraganes.

En el libro de los Hechos, vemos cómo la iglesia en Tesalónica se formó. Empezó como una visión en la que un hombre le dijo a Pablo. “Ven a Macedonia y ayúdanos” (Hechos 16:9). Y así lo hizo Pablo, fue con Silas, Lucas y Timoteo, primero fueron a Filipo y de ahí a Tesalónica, donde comenzaron una iglesia en cada ciudad por la que pasaban. Este fue el segundo viaje misionero de Pablo.

Poco después de que Pablo comenzara la iglesia, la oposición apareció, hasta tal punto que Pablo fue
obligado a irse. Es más, el peligro era tan eminente que un día tuvo que abandonar la ciudad en medio de la noche (Hechos 17:1-10). Después de la repentina partida de Pablo, esta iglesia joven estuvo expuesta a la persecución y Pablo comenzó a preocuparse por la fe y el bienestar de ellos. Así que envió a Timoteo a la iglesia de Tesalónica para que chequeara cómo iba todo y trajera noticias de vuelta. Timoteo regreso con buenas noticias. Los cristianos de Tesalónica estaban haciéndolo muy bien. Ellos mantenían la fe, aferrados al evangelio y teniendo un amor fraternal entre ellos. Pero, como todas las iglesias están llenas de pecadores, también había ciertos problemas.

Algunos de ellos se preocupaban de lo que les sucedería a aquellos que murieran antes de que Cristo
regresara, algunos estaban abandonando sus compromisos laborales para dedicarse a fortalecer su fe, y otros se enfrentaban a problemas éticos. Así que Pablo les escribió, tomando en cuenta esos detalles y confortándolos con el amor que sentía por ellos.

En la segunda carta a los tesalonicenses, Pablo se enfoca en los malentendidos sobre la segunda venida de Cristo. Había algunos que creían que Jesús vendría pronto, y ellos no tendrían que trabajar físicamente, y de esta manera la haraganería se hizo eminente. Pablo se puso serio, dejándoles (dejándonos) saber que es una conducta reprensible para los seguidores de Dios ser perezosos y aprovecharnos de las bondades de Dios, del trabajo duro y la riqueza de otros.

Como en todos los escritos de Pablo, las cartas están cargadas de teología profunda y fuerte, así como de aplicaciones para la vida diaria. Pablo directamente señala los errores de los creyentes, pero también los invita a ver la gracia y la esperanza que encontramos en nuestro Redentor, Jesús.

En esta lectura profunda de las cartas 1 y 2 de Tesalonicenses, pregúntate qué quieres aprender del evangelio y cómo esto debe impactar tu vida diaria.

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