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Aférrate a Cristo




















“Pues ustedes saben muy bien que el día del regreso del Señor llegará inesperadamente, como un ladrón en la noche”.
1 Tesalonicenses 5:2 (NTV)

Nuestra vida transcurre en pleno siglo XXI.  Insertas en una sociedad globalizada, somos testigos de agudas crisis financieras, avances exuberantes en materia de tecnología y medicina, fenómenos migratorios cada vez más intensificados, altos índices de muerte por desnutrición, y a la vez por obesidad. El mundo se debate por redefinir las nuevas concepciones sobre ideología de género, mientras otros lloran a sus muertos por causa de la guerra, y en otros puntos geográficos se encienden las alarmas de emergencia por desastres de la naturaleza.

Grupos de todas  partes del Globo fundan organizaciones y trabajan en pro de un mundo mejor e invierten sus esfuerzos en nuevos proyectos para salvar el planeta del cambio climático. Cada vez más naciones crean alianzas que aseguren la paz de sus habitantes, mientras que otros buscan condiciones que sean favorables para la vida fuera de la tierra. En fin,  todo apunta a la necesidad de un nuevo orden mundial que asegure la preservación de la especie humana.

El hombre no puede generar por sí mismo un cambio que produzca un mundo mejor, ni con todos los esfuerzos juntos. La paz mundial puede llegar a quedar firmada por todos los máximos dirigentes, pero nunca sería posible de manera real porque no hay quien haga lo bueno y por ende, no conocerían el camino de paz (Romanos 3:9- 20).

Por siglos la humanidad ha venido destruyéndose a sí misma, y se consumirá en su propia destrucción hasta el fin, llegará el punto culminante en que la copa de la ira de Dios sobre el planeta será derramada por causa de la maldad de los hombres.

El mundo cae a pasos agigantados rumbo a la destrucción y  no hay manera de poner remedio a tanta acumulación de desastre por nuestros medios.

Hay una sola cosa que podemos hacer para salir libradas del caos que se avecina:


Aferrarnos a Cristo.

Dios ha sabido desde siempre que las consecuencias del pecado son muerte y destrucción en totalidad por ello ha provisto para aquellos que abrazamos en fe Su salvación, una salida de emergencia. Él vendrá por nosotros y nos llevará a Su reino celestial, mientras aquí en la tierra la ira de Dios consumirá de la misma forma al rico y al pobre, no hay excepción para sus juicios a menos que AHORA MISMO nos aferremos a Él. 

¡Él regresará! Nadie sabe cuándo será, Él no lo ha revelado, pero si nosotras realmente anhelamos escapar de tan grande terror no nos será molestia esperarlo preparadas el tiempo que sea necesario.

 ¡Yo deseo que Cristo venga pronto! Pues al venir, nos asegurará su morada eternal. Y no sólo eso, sino que luego regresará para sentarse en el trono de David y establecer un nuevo gobierno  de auténtica prosperidad y completa paz en la tierra cual ningún imperio ni gobierno humano ha logrado jamás.

Cristo, el hijo de Dios es nuestra única esperanza de vida en un mundo de desconcierto, y Pablo se encargó muy bien de enseñar esto a los Tesalonicenses.

Por mucho que nos esforcemos en estos años de juventud por adquirir un patrimonio que nos asegure estabilidad para el mañana, déjame decirte que no existe certeza de que aquello terrenal que acumules permanezca. No hay futuro en asegurar una posición terrenal, sea económica o intelectual. Cristo es la esperanza para un futuro mejor.

Mientras seguimos siendo testigos oculares del desmoronamiento social, aferrémonos cada vez más a nuestro único y suficiente Salvador: Cristo Jesús.







ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.

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