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Bendición final



En mi país existe una frase muy famosa que dice así:
"Lo mejor siempre se deja para el final".  Conoces esta expresión,  ¿verdad?

Denota que todo lo dicho, visto o vivido con anterioridad  fue maravillosamente precioso, pero que en el final podemos esperar algo más, de más excelencia: “la cerecita de la torta”,  que es otra frase utilizada.   
                                                                                                                                  
En el día de hoy estamos llegando al final de este hermoso estudio, que coincide con el final del capítulo, que es el final de la segunda  carta para los Tesalonicenses y es, en definitiva, el final de las dos cartas que se habían escrito para un tiempo y grupo de personas específico.

Tiempo específico y personas específicas, ¿entonces por qué lo hemos estado estudiando nosotras?Sabemos que somos de diferentes comunidades cristianas, distintos países, variadas lenguas, que aún diferimos en las etapas que cada una está viviendo: con diversos horarios, edades disimiles y procesos peculiares, entonces, ¿por qué lo estudiamos?  

Podríamos encontrar la respuesta a esa pregunta en este versículo:

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.”
2 Tesalonicenses 3:18

¡Sea con todas vosotras!
Quiero que, con la misma emoción con que desatamos el moño de un regalo y lo desenvolvemos, descubramos juntas  la maravillosa gracia que nuestro Señor Jesús nos regala día tras día.

Esta gracia de Cristo es la que hizo que fuésemos salvas de la ira de Dios.
La gracia de Cristo nos escogió cuando aún estábamos muertas en nuestros delitos y pecados.
La gracia de Cristo alcanzó nuestra vileza para transformarla en pureza.
La gracia de Cristo pudo hacer en nosotras nuevas mujeres que anhelan vivir como siervas de su Señor.
La gracia de Cristo es la que nos sostiene en medio de la lucha contra el pecado.
La gracia de Cristo nos hizo vencedoras ante el pecado por medio de Su sangre derramada en la cruz.
La gracia de Cristo nos mostró nuestra condición de enemiga de Dios, y por medio de Su evangelio llegamos a ser amigas de Dios.
La gracia de Cristo es la que debe recordarte de dónde Dios te sacó y dónde estás hoy, para dar Gloria a su nombre.
La Gracia de Cristo es aquella que hace libre al más vil de todos los pecadores gracias al que pagó nuestra deuda.
La Gracia de Cristo hace que descanses en Sus Obras, no en las tuyas.
La Gracia de Cristo es aquella que debe hacerte amar el evangelio como ninguna otra cosa. La gracia es aquel regalo que recibes cuando solo mereces rechazo y castigo. 
La gracia de Cristo hace que una vil pecadora que merece el infierno, hoy esté gozando de los beneficios de ser salva por medio de Él.
La gracia de Cristo es haber participado, a través de Internet, en un estudio de Su palabra sin ser perseguida o asesinada por ello.
Gracia es estudiar Su palabra.

¿Por qué culmina recordando la Gracia? Porque es la única manera en que podremos disfrutar de la eternidad con nuestro Señor. Porque no depende de nosotras llegar al cielo. No depende de nosotras ser escogidas.
Depende enteramente de la gracia y misericordia de Cristo.
La gracia es la bendición final y principal que necesitamos todos los días.

Si al leer esta larga lista acerca de la Gracia tu corazón no ardía en agradecimiento, me encantaría que pidas a Dios que te conceda la gracia. Y que donde abundó el pecado, sobreabunde la GRACIA.
Agradezcamos a Dios por Su Gracia y favor al habernos permitido estudiar Su palabra. Nos dio disciplina, perseverancia y entendimiento.

Agradezcamos Su Gracia en nosotras.



ACERCA DEL AUTOR  


Antonella Azuaga
Tiene 22 años y sirve al Señor a través de Mujer Virtuosa, escribe para llevar las buenas noticias a los quebrantados y afligidos. Es parte la congregación más que vencedores, vive en Paraguay junto con su familia, quienes también apoyan la familia de Ama a Dios Grandemente.

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