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No supongas que puedes cambiarlo



¿Alguna vez  te ha sucedido que luego de experimentar cierta situación, venga  alguien y te exprese: “¡Te lo dije!”, dando a entender que ya con antelación te había hecho una advertencia en relación a ello?

A mí sí, en repetidas ocasiones. Y aunque no es nada agradable, porque es reconocer que actuamos de la manera equivocada o no prestamos atención a un consejo que se nos dio, seguramente nos  tocará enfrentar las consecuencias de nuestro error.

La Biblia es la voz de Dios. En ella encontramos enseñanzas, advertencias, el sabio consejo del Señor para cada área de nuestra vida, y ejemplos de vida para imitar y otros para evitar.

Así que cuando se trata de algo tan importante como la elección del compañero para toda la vida, el siguiente pasaje es más claro que el agua:

No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?

2 Corintios 6:14

A lo largo de esta serie este verso se repite una y otra vez. El problema radica en que queremos cambiar ciertas cosas que no encajan dentro de lo que deseamos, así que suponemos que podemos arreglarlas de otra manera, mientras que no hacemos otra cosa más que quebrantar la voluntad de Dios.

“Suponer” es una acción que nos mete en tremendo lio. Su significado consiste en considerar una cosa como verdadera o real a partir de ciertos indicios o señales, sin tener la certeza completa de que así sea.

Así que, si suponemos o damos por sentado que aunque ahora él no conoce a Cristo y en el camino puede hacerlo o nosotras podemos convertirlo, estamos dando el primer paso equivocado en esta relación.

Damos por hecho  algo que no sabemos si al final pueda llegar a darse, ya que cuando se trata de salvación eterna, sabemos que es una decisión y convicción personal.

Conocí a mi esposo en la universidad. Yo era una chica cristiana y él no. Pero el enamoramiento me cegó e ignoré estas advertencias y consejos bíblicos y también la instrucción de mis padres y personas cercanas, siempre con la suposición de que él tenía toda la intención de involucrarse en la iglesia y que en el camino cambiaría y conocería a Dios porque yo oraba por eso.

A parte de pasar por alto lo que Dios ordenaba, tampoco le pregunté si era Su voluntad, si ese era el chico que tenía para mi vida, sino que le dije “es el que YO quiero”.

El final  de esta historia no fue “Felices para siempre”. Ya que aunque Dios permitió que nos casáramos y hubiera amor, fueron años difíciles compartiendo con alguien que no tenía el mismo sentir en Cristo Jesús, el servicio dentro de la Iglesia por ejemplo, reuniones, amistades, educar a nuestras hijas, su familia, etc.

Él conoció de Dios, pero no fue suficiente para mantenerse firme y quedarse. Y aunque mi vida se ha convertido en una historia de aprendizaje, gracia y misericordia de Dios, hubiera sido diferente si en lugar de suponer que podía cambiarlo hubiera obedecido, evitando un corazón y un hogar roto. Al final Su voluntad siempre se manifiesta y se cumple.

No somos nosotras quienes podemos cambiarlos sino sólo el poder y la gracia de Dios. El Chico que Dios tiene para ti llegará a tu vida en el momento justo cuando esté listo. Recuerda que los tiempos de Dios no son los nuestros.




                                                      ACERCA DEL AUTOR    


                                                               Grethel Elías Ruiz   

Guatemalteca y madre de dos increíbles chicas. Desde muy pequeña ha servido a Dios. Pero no fue hasta hace hace unos años cuando experimentó la separación de su esposo que le hizo tener un encuentro personal con Dios.Le apasiona compartir  del amor de Dios a través de su testimonio.Comparte en un programa de radio y atiende consejería.Conectada con cientos de mujeres en el mundo ella es parte del equipo de líderes de Ama a Dios grandemente desde 2016





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