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Vive para que la palabra de Dios sea glorificada



“Y el Señor encamine vuestros corazones hacia el  amor de Dios, y hacia la perseverancia de 
Cristo”.  
2 Tesalonicenses 3:5

¿Cómo pensar un futuro sin Dios? ¡Imposible!

La verdadera conversión a Cristo: ese día que rendiste tu corazón con sinceridad, en arrepentimiento y confesión de pecados, le hiciste Señor de tu vida con convicción de fe, ese día la  historia cambió por completo para ti. Es imposible que pienses del modo en que lo hacías antes que tus ojos fueran abiertos, pues un auténtico encuentro con Jesús de Nazaret cambia por completo la existencia.  

Es lo sublime de las últimas y tan profundas palabras de Esteban “¡Me están matando en vida, pero yo veo los cielos abiertos!” ¡Un futuro glorioso que no se compara con la banalidad terrenal!

Fuimos escogidas para algo mucho más grande que revela la grandeza de la Trinidad Omnipotente, no para vivir como la gran masa de personas, que espera con ansias el fin de semana para disfrutar la vida comiendo papas fritas frente a su pantalla inteligente. ¡La Salvación en Cristo nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva y comprender que la vida es muchísimo más que comida o  buen entretenimiento el fin de semana!

“…No os conforméis a los deseos que antes teníais en vuestra ignorancia”. 
1 Pedro 1:14

La oración de Pablo es que el Señor encamine los corazones de los tesalonicenses  no queriendo que transitaran  los caminos del  amor egoísta y  del odio pecaminoso, sino que se mantuvieran en la fina línea que los separa. Esta línea es tan delgada que se puede comparar a un débil rayito de luz de invierno titilando suavemente al que te atreves a  mirar de frente,  pero tan potente que  te hace perder la visión por un considerable tiempo.  Así de potente es el profundo e insondable amor de Dios hacia donde Pablo deseaba que sus corazones fueran encaminados.

Pero además, Pablo ruega que el Señor también encamine los corazones de ellos hacia la perseverancia de Cristo.  No sólo los ojos del corazón deben estar fijos en el amor de Dios, los pies del corazón también necesitan un rumbo, y ese rumbo es la trayectoria que nos conduce a asimilar el perfil de Cristo, la paciencia es el camino para llegar al destino. El ejemplo de paciencia de Cristo Jesús nos  ha dejado huellas marcadas en el camino pantanoso para que fijemos nuestros  pies como anclas sobre las marcas de sus pisadas, y aunque  seamos torpes dando trastabillados en nuestro andar,  la marca de Sus huellas en el sendero no nos dejarán extraviar hasta que logremos estabilidad.

Encaminadas en el amor de Dios y la paciencia de Cristo tenemos el prisma de colores completo, la vida cobra un nuevo sentido que nos llama a vivir mucho más alto: ese  anhelo ferviente de que la palabra de Cristo corra y sea glorificada de una o mil maneras para que quienes nos rodean vean lo que nosotras vemos. ¿No te ha pasado? Estar confundida entre tumultos de seres humanos y sentir que no sienten lo que tú sientes.  O estar frente a alguien que habla con euforia, sin parar  sobre algo poco atractivo a tus propios intereses espirituales y frustrarte en tu intento de mostrarle lo que tú ves.

Esteban gritaba lo sublime que veía, pero nadie alrededor lo veía, sin embargo siguió anunciando. Pablo pide que la belleza del evangelio que él mismo experimenta, pueda ser también vivenciada por otros.


Ni Esteban, ni Pablo, ni los tesalonicenses cesaron de anunciar la bienaventurada esperanza de un futuro mejor que tenemos en Cristo. Nosotras tampoco.







ACERCA DEL AUTOR  

Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.

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