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Recibiendo la fortaleza que necesitas


¿Te acuerdas de Popeye? Era el marinero enamorado de Olivia. Por supuesto, en la historia no podía faltar el chico malo, Brutus. Este era grande, musculoso y malo, siempre tratando de robarle la chica. Popeye, siendo más pequeño  y más débil, era bastante indefenso hasta que comía espinacas. La espinaca le daría fuerza, le crecerían enormes músculos, derrotaría a sus enemigos y rescataría su chica.

¿No sería ideal que hubiera algo que pudiéramos comer para obtener la fuerza que necesitamos para cumplir con todas nuestras tareas? Ideal, pero no real. Sin embargo, nosotras tenemos una fuente aún más grande de fuerzas, y no requiere de espinacas.

La fuerza que necesitas

Todos necesitamos fuerza. Físicamente la necesitamos para vivir. Necesitamos músculos para caminar, para levantar niños, y mucho más para hacer toda tarea física. Además necesitamos fuerza mental para lidiar con nuestros problemas, para tener conversaciones coherentes, y para ser capaces de ayudar a otros en medio de sus problemas.  Y necesitamos fuerza espiritual porque la duda constantemente llega a nuestros corazones, y Satanás continuamente ataca a los hijos de Dios.

La fuerza que te falta

Todas y cada una de nosotras nos cansamos, desanimamos y desgastamos de vez en cuando. A veces sucede más rápido de lo que pensamos; otras veces, esta debilidad puede durar más de lo previsto. La razón por la que experimentamos debilidad es que somos limitadas. Somos limitadas en lo que podemos manejar física, mental e incluso espiritualmente. No solamente nos encontramos débiles nosotras mismas, también lo están todos a nuestro alrededor. Necesitamos una fuerza superior a la de los hombres. 

La fuerza que recibes

Me encanta cuando los pequeños tratan de ayudar a sus padres a cargar objetos pesados. Tensan sus músculos pensando que están soportando el peso, sin darse cuenta que sus padres están realmente llevando la carga. Los niños participan, hasta luchan y trabajan con todas sus fuerzas, pero reciben abundante ayuda.

Nuestro versículo de hoy nos dice que si esperamos en el Señor, tendremos nuevas fuerzas, pero ¿cómo funciona esto?

Tener nuevas fuerzas requiere que aprendamos a esperar en Dios por aquellas cosas que necesitamos. Esta es una espera activa, donde continuamos haciendo las cosas que somos llamadas a hacer. Donde continuamos poniendo un pie delante del otro, pero a la vez esperamos expectantes el actuar de Dios sanando, redimiendo, dando sabiduría, y proveyendo. Esta espera activa se hace por fe.

Entonces nuestras fuerzas serán renovadas. Esto no significa que Dios nos dará todo lo que pensamos que necesitamos, significa que nos dará toda la gracia que necesitamos para perseverar con esperanza.

¡Conoce al Dios que dices amar! Y aprende a descansar en ese conocimiento esperando expectante lo que Dios hará en tu vida y a través de ella. Entonces podrás elevarte por sobre tus tormentas a un lugar de calma, porque el Señor que trabaja en ti te lleva al lugar de paz y gozo.

Mirando a Jesús,

Jen

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Semana 4 - Dios te sostendrá



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