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¿Cuánta fe tienes?



¿Qué es la fe? Cuando iniciamos en la vida cristiana nos enseñan este pasaje de memoria: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1) Otras versiones nos hablan de fe como la confianza completa en Dios. Pero entonces ¿Por qué no avanzamos en fe? ¿Qué nos detiene?

Jesús habla mucho de la fe y de lo que podemos lograr por medio de ella. Recuerda a Jesús en la barca ante la tormenta, o caminando sobre el agua, o sanando a muchos, o reviviendo a Lázaro, entre otras historias... Todas ellas tienen un trasfondo de fe. Hoy, centrémonos en Marcos 9:14-24. Allí está Jesús sanando un muchacho, en presencia de su padre y los discípulos. Analicemos a cada uno detalladamente.

El padre: pide a Jesús que sane a su hijo, pero más adelante podemos verlo pidiendo a Jesús que le ayude a su incredulidad. Esto llama mucho mi atención. ¿Cómo este padre está convencido de ir a Jesús para salvar a su hijo pero después lo vemos confrontado ante un condicionante: Si puedes creer… Y ¿sabes por qué Jesús lo confronta? Porque «este género» se trata precisamente de la incredulidad. 

Así somos nosotras constantemente, suplicamos a Dios para que haga el milagro pero somos las primeras en detenerlo porque no confiamos plenamente, o pedimos dudando que pase, sin fe. Tenemos raíces de incredulidad en nuestro corazón, y antes de que creas que esto es un poco loco o sólo me pasa a mi, déjame preguntarte ¿cuántas veces tratas de resolver las cosas a tu modo sin esperar a que Dios responda? ¿Cuántas veces intentas que ese milagro llegue por tus propias fuerzas?

Así como Jesús echa fuera el demonio del muchacho, debemos echar la incredulidad fuera de nuestras vidas y esperar confiadamente en Dios. 

Los discípulos: Ya habían pasado como dos años y medio con Jesús;  me asombra que a pesar de todos los milagros que habían presenciado, no pueden tener fe y confiar en Dios. 

Así somos nosotras, ¿Cuántos años llevamos caminando con Jesús y aún así no tenemos fe incondicional? ¿Acaso no lo hemos visto actuar sobrenaturalmente? Muchas veces procedemos como los discípulos; vemos a Dios pero nos encontramos de pronto peleando con las personas a nuestro alrededor, batallamos con los fariseos que cuestionan a Dios y la fe, en lugar de centrarnos en ejercer fe para alcanzar lo imposible. Somos realmente incrédulas.  Jesús nos dice que si tuviéramos fe tan pequeña como una semilla de mostaza, podríamos lograr TODO. (Mateo 17:14-21)

Pero cuando le preguntan: “¿Por qué nosotros no pudimos sacar el demonio?", responde: "Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.” 
Podemos ver a Jesús constantemente retirándose a orar, a ayunar, a esperar las indicaciones del Padre. Cuanto más tiempo pasaba en intimidad con Dios, más aumentaba su fe, su confianza en Él. Jesús entraba a la presencia de su Padre para cada paso que daría. 

Piensa en una persona con la que tengas una relación así de íntima, en mi caso es mi esposo; yo puedo estar en completa vulnerabilidad ante él, y confío plenamente en que todo está bien. Para ti, quizás sea tu pareja, una amiga, tu familia; no lo sé, pero ¿qué nos impide tener una relación así de cercana y fuerte con nuestro Padre, fortaleciendo nuestra fe a cada paso?

“...no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.”
2 Corintios 4:18

Te invito, amiga, a ser valiente para avanzar en fe, a que centres tus ojos en Jesús, a que puedas fortalecer tu fe pasando más tiempo con Dios y sobre todo a que ejerzas esa fe extrema creyendo que todo es posible.




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ACERCA DEL AUTOR

Laura Alfaro  
Tiene 28 años, es Costarricense. Sirve a los jóvenes en una agencia misionera junto a su esposo, cree firmemente en el discipulado basado en el modelo de Jesús y establecer relaciones fuertes. Le apasiona servir a las mujeres dentro de ADG



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Semana 4 


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