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Valiente en medio de la tentación


Tenía yo apenas trece años, y mi mamá me decía: “Anto, aprende a decir que no.”  Crecí, y a los dieciocho años mi mamá seguía diciéndome: “Anto aprende a decir que no.”    
Hoy estoy a menos de sesenta días de casarme y ¡cuánto me ayudó cada palabra de mi madre, cada advertencia de decir que no!  

A lo largo de estos pocos años que el Señor me permitió vivir, me di cuenta de lo  difícil que es decir que no a ……………. (puedes agregar la frase que te venga en mente, aquello a lo que siempre dices que sí y cedes) ¡Cuán débiles somos! 

 🔼 Eva, cuando fue tentada a tomar del fruto prohibido, ¿pudo decir que no? 
 🔼 David, cuando vio a Betsabé y la deseó, ¿pudo decir que no?
 🔼 Sansón, ante la insistencia de Dalila, ¿pudo decir que no?

La respuesta es NO. Cedieron a la tentación y cayeron. Pero todos ellos, luego del quebranto y arrepentimiento, fueron restaurados. ¡Cuánto placer, alivio y gratitud llegó después de haber experimentado la gracia del perdón de Su Salvador!

A lo largo de toda la historia, hubo sólo Uno que pudo decir que no a todas las tentaciones que se le presentaron.

Hoy no me quiero referir a aquellos pecados más visibles como la drogadicción, la comida en exceso, el sexo fuera del matrimonio, que aparentan ser más graves que aquellos que nadie ve. Me refiero a cuando cedes ante un pensamiento malo acerca de algo y le permites que anide en tu mente; un chisme disfrazado de ’la buena intención de orar‘ por algo tan aberrante; una raíz de amargura que crece en tu corazón por aquello que no quisiste perdonar…. todos aquellos “pecaditos” que nadie ve.  Nadie, excepto Dios.

Es difícil decir que no,  más bien decidir que NO. 
Decidir que NO, porque hacer eso deshonra a Dios.
Decidir que NO, porque eso no ayudaría en mi santificación. 
Decidir que NO, porque en esa área no puedo seguir derrotada.
Decidir que NO, porque las tinieblas no van a prevalecer contra la luz. 

Todo esto, decidir que NO ante cualquier tentación, pareciera una utopía.

Pero no, es una lucha constante, cada día estamos batallando contra el peor enemigo de nuestras almas, el pecado. 

Eso que, en primer lugar, nos aleja de Dios, nos da muerte antes que vida, nos hace tener miedo y escondernos, nos hace vernos como las peores al ceder. Pero no olvides, mi querida amiga, que existe una salida.

En el Edén, después que Eva cediera a la tentación y pecara, fue necesario el primer sacrificio para cubrir su pecado.  Se necesitó la muerte de un inocente animalito para obtener la piel que cubriera la desnudez de Adán y de Eva. Así estaba Dios revelando que para cubrir el pecado del hombre, alguien debía morir; y el sacrificio de estos animalitos estaba siendo figura del “sacrificio perfecto de nuestro Señor”  

Y hoy nuestro gran Salvador nos invita a acercarnos con confianza al trono de la gracia, para hallar misericordia y el socorro oportuno para huir del pecado, para huir de la tentación.  

Porque nuestro Señor, que fue tentado en todo pero sin pecar, es también nuestro abogado compasivo, que nos entiende y nos defiende.

“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.  Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”
Hebreos 4.15-16

Jesucristo venció al pecado, y para las que estamos en Él ya no hay condenación, sino que somos más que vencedoras por medio de Él.

Así que te animo a que creas, confíes y dependas total, rendida y enteramente de tu Salvador Jesús, para poder ser así una chica valiente ante la tentación.  







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ACERCA DEL AUTOR



Antonella Azuaga
Tiene 21 años y sirve al Señor a través de Mujer Virtuosa, escribe para llevar las buenas noticias a los quebrantados y afligidos. Es parte la congregación más que vencedores, vive en Paraguay junto con su familia, quienes también apoyan la familia de Ama a Dios Grandemente.




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Semana 4 


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