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Valiente para hablar a otros de Su amor


"Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén."
Mateo 28:19-20

“Poco después de conocer a Jesús, observé que cuando se realizaba una actividad evangelística en el barrio, pocos creyentes apoyaban asistiendo. Me preguntaba ¿por qué? ¿Qué tan difícil sería compartir de Jesús a los vecinos? También notaba que cuando esa actividad era en otro lugar, concurrían hermanos que rara vez veía en esas actividades. Volvía a preguntarme ¿por qué? La respuesta vino de una hermanita que justamente no iba a evangelizar al barrio con los demás hermanos, sino que prefería las salidas a otros lugares. Me dijo: “hay muchas cosas que hice estando joven de las cuales no me siento orgullosa, y aunque Jesús me perdonó y limpió, las personas que me conocieron antes no me han perdonado; las heridas que provoqué no han sanado aun”. Y con lágrimas en sus ojos prosiguió: “¿Sabes Sandra? yo me porté muy mal con mucha gente, fui mala y egoísta… oro para que ese gigante de mi pasado sea derrotado, porque aun no me siento digna para ir y compartirles a esas personas de nuestro Jesucristo, aun no”.

El estudio que hoy concluimos fue muy desafiante cada semana, cada día, y hoy no es la excepción, porque se necesita valentía para compartir a otros el evangelio. Jesús dijo ¡vayan! Y no fue una sugerencia sino un mandato, pero quizá, como a nuestra hermana, algo aun te impide hacerlo. Tal vez el temor a tu pasado; las heridas que provocaste o te provocaron; el temor a dejar tu zona de confort e ir a lugares alejados; dejar tu familia, tu carrera o profesión; en fin la lista puede continuar. Pero el mandato sigue vigente, y hoy también nuestro Señor Jesucristo nos dice: ¡VAYAN y HAGAN discípulos! No iremos solas, Su Santo Espíritu estará con nosotras hasta el fin del mundo.

Me maravilla cómo el Señor usa a personas comunes como tú y yo para alcanzar a esos corazones oprimidos por el pecado y llevarles esperanza.  Él sólo necesita de gente que esté dispuesta a hacer Su voluntad por amor a su prójimo -conocido o desconocido. Me maravilla saber que muchos dejaron sus países, sus familias, dejaron todo diciéndole: “Heme aquí Señor, envíame a mí, yo iré; dispuesto estoy a llevar tu nombre a las naciones." No estoy insinuando, querida amiga,  que debamos dejarlo todo en este momento e irnos a otra nación o pueblo a predicar, porque podemos comenzar justamente ahí donde nos encontramos ahora, en nuestra casa, con nuestros familiares; en nuestro barrio; en nuestro lugar de trabajo o estudio. Aquí la cuestión es obedecer y hacer discípulos. Sin duda, Dios hubiese podido encomendar esta responsabilidad a Sus ángeles, o con una sola palabra dar la orden y hecho estaba. Pero no, decidió en Su soberana voluntad escogernos para ser parte de Su plan de salvación. No podemos permanecer calladas. Dejemos de ser egoístas, y compartamos el gran regalo de la salvación con otros. Si tú y yo no vamos, ¿quién por nosotras hablará?


"¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!"
Romanos 10:14-15

Que Dios nos ayude y nos haga valientes para hablar a otros de Su amor.





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ACERCA DEL AUTOR

Sandra Karina Condori

Tiene 28 años, de nacionalidad boliviana, soltera. Convencida que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Sirve al Señor en el Ministerio de niños de su Iglesia local y a mujeres y jovencitas a través de ADG.


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