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Tus palabras importan




“Hay [Jovencitas] cuyas palabras son como golpes de espada; más la lengua de los sabios es medicina”. Proverbios 12:18

Nos encantan las reuniones de chicas, las pijamadas, asistir a las fiestas de 15 años de nuestras amigas y un sin número de reuniones grupales en las que podemos compartir cuchicheos de lo que se nos atraviese por la cabeza para terminar reventadas de risa, o muertas de asombro.

A menudo pensamos que las palabras van y vienen como cualquier hoja en otoño, o como la ropa que nos cambiamos a diario o, como la punta que le sacamos constantemente al lápiz. Las descomponemos en gramática, las combinamos en la clase de lengua y también las utilizamos para rellenar nuestro día con tal de que no sea tan vacío. Pero las palabras no pueden ser tratadas como las hojas de otoño, ni como la ropa que mandas a la lavadora y mucho menos puedes desecharlas sin importancia como la basurita del lápiz.
 
¿Soñaste alguna vez con tener un súper poder?  Pues las palabras son poderosas. Cada vez que abres tu boca estás tocando la vida de otras personas, y esos toques pueden ser delicados y placenteros, o pueden literalmente sentirse como empujones y rasguños. Solemos mirar con desprecio a aquellas señoritas que resuelven sus problemas halando los cabellos de las otras o mordiéndoles los brazos, sin darnos cuenta que nosotras pataleamos lo mismo con las palabras que gritamos bajo presión, palabras dichas con enojo, envidia y celos.
 
Así que no puedes ir por la vida abriendo la boca las veces que se te antoje porque tus palabras son poderosas para destruir o traer ánimo al espíritu de otras personas.

“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Lucas 6:45

Mi mamá siempre dice: “Si quieres conocer a una persona, colócala a hablar”. Y tiene razón, sobre todo porque la Biblia confirma su dicho; Verás, nadie habla porque “¡ups…se me salió, pero no lo quería decir!”  Todos tenemos un corazón que almacena sentimientos que al salir de la boca se convierten en palabras, y depende lo que guarde tu corazón, quedará expuesto por la forma en que hablas.

¿Qué clase de corazón tienes en este momento? ¿Qué clase de corazón deseas tener? Es necesario que te detengas a pensar sobre esto, pues si no atacas la raíz del problema, tus palabras seguirán siendo un obstáculo para alcanzar madurez.

“Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”. Santiago 3:8

Cada vez que hablas en nombre de Dios sin el dominio del Espíritu Santo, hablas en oposición contra Dios, pues hablas para satisfacer tu sed de importancia en lo que crees es correcto, y esto es pecado. Entonces: no trates de justificar tu orgullo con la excusa de que era de parte de Dios.   

Las buenas noticias son que, aunque en nuestra propia naturaleza es imposible sujetar lo que decimos por completo, podemos elegir depositar nuestra confianza en Jesucristo, el único que sí puede poner dominio a nuestra lengua y hablar a través de nosotras la verdad de Su palabra.

“Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Colosenses 1:14

Cristo padeció hasta la muerte por cada palabra de rebelión que has pronunciado, no hay más majaderías que te acusen de pecadora; Entonces ahora, si vives para Cristo, habla con responsabilidad, porque tus palabras importan.



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ACERCA DEL AUTOR


Angélica Jiménez

Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.


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