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Lo que no quieres que nadie sepa acerca de ti




“Porque tú dices: Yo soy rico y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo”. Apocalipsis 3:17

Era como la hora sexta. Justamente la hora más calurosa del día, donde todo el mundo estaba resguardado del calor abrasador a menos que una emergencia le obligara a salir de la sombra fresca. Pero hay una mujer en Sicar que se prepara todos los días para salir a esa misma hora, ella prefiere pasar por el sacrificio de insolación que aguantar las miradas escandalosas de la gente que critica sin piedad.

Clara no puede permanecer en un trabajo estable, al principio es puntual, responsable y de excelente empatía, pero cuando la presión del trabajo comienza a emerger y sus superiores le corrigen pequeños errores, ella prefiere ser impuntual, tomar días de reposo por enfermedad hasta el punto de abandonar su trabajo que soportar la corrección de sus jefes y sugerencias de sus compañeros.

Briana es reconocida por la singular belleza de su cuerpo, está rodeada de pretendientes, regalos e invitaciones, eso la halaga mucho y cada vez se enfoca más en mantenerse limpia, arreglada y perfumada. Sólo comparte con sus amigas cuando el tema es moda y belleza, y cada vez que entabla una relación de noviazgo termina frustrada. Últimamente, ella prefiere entretenerse con relaciones de noviazgo pasajeras que lidiar con una relación seria y con propósito. 

Por otro lado, aunque desde pequeña sintió que era un fracaso, Rocío siempre destacó con su intelecto en la escuela, ahora está en la universidad como una de las mejores, y se caracteriza por ser una mujer que desborda generosidad. A pesar de todos sus esfuerzos ella sigue sintiéndose fracasada, por eso prefiere mantener su agenda saturada de cosas que hacer, es la única manera de mantener sus pensamientos perturbadores lejos.

Consientes o inconscientes de sus secretos, estas mujeres prefieren hacer ciertos rituales de comportamiento para escabullirse entre la vida y lograr que de alguna manera sus secretos pasen desapercibidos por ellas mismas y por quienes las rodean, ninguna de ellas vive satisfecha ni tranquila, todo lo que hacen gira en torno a mantener a salvo los secretos que las aterran.   
   
A decir verdad, conocer a alguien de primera vez nos deja muchas impresiones, que pueden ser ciertas o engañosas, la única manera de corroborar esas ideas es involucrarnos en la vida de esa otra persona y tener el suficiente tiempo para saber cómo es realmente, pero, aun así, hay muchas cosas de los otros que no sabemos y nunca llegaremos a saber; Secretos que se esconden hasta hacerse imperceptibles incluso a la misma persona que los guarda, y que sólo Dios mismo los conoce.

Por esa razón es que Dios habla a la iglesia de Laodicea y los confronta con lo que en verdad son, ellos se estaban autoengañando y mostrando a los demás una imagen errada de sí mismos, pero la verdad era que ellos estaban ocultando su necesidad de Dios.

¿Qué es lo que tanto haces buscando ocultar lo que en verdad eres? ¿Cuál es la verdad que escondes, o de la que quieres huir? Es en vano todo el esfuerzo por mantener oculta la verdad. Cristo lo sabe todo, para él no hay máscaras.

Y esta es la verdad que vino a decirte: eres una mujer desventurada, miserable, pobre, ciega y estamos desnuda. Es una terrible verdad que lastima por completo nuestro ego.
Pero aceptar esa verdad junto con todo lo que has tratado de poner encima de ella para que no sea visible, es el primer paso para ser libre. 



ACERCA DEL AUTOR


Angélica Jiménez
Hija de Pastores misioneros de nacionalidad Colombiana, ha servido desde los 9 años junto a sus padres en los países de Bolivia y Argentina. Diagnosticada alrededor del año 2009 con Síndrome de Eisenmenger ha propuesto en su corazón servir a Dios hasta el día en que él se lo permita. Sus experiencias en la obra misionera continúan labrando el sueño de brindar herramientas bíblicas para las jóvenes de hoy.





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recuerda que estamos estudiando la serie: Samaritana - vulnerables ante Cristo 





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