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Haciendo lo correcto




Cuando éramos niñas y surgía un desacuerdo o pelea con nuestros hermanos o compañeros de escuela, tal vez por un juguete o porque “nos miraron mal”, etc., ¿recuerdas cual era tu reacción? y si alguien te empujaba, ¿tú también lo hacías? Yo viví muchas situaciones así; pero recuerdo una en especial; estando en la escuela primaria golpee a uno de mis compañeritos porque él había empujado a mi amiga y yo le hice lo mismo pero con más fuerza y además recuerdo que le di una patada en uno de sus pies, y como resultado de mis acciones recibí una severa llamada de atención en la dirección de la escuela, y mi respuesta fue: “el empujo a mi amiga y por eso lo hice”, lo cual era cierto, pero… sé que no justificaba mis acciones; más eso lo comprendí recién de grande: no debí cobrar el castigo por mi cuenta, y ahora al escribir esta anécdota  me da cierta vergüenza y un poco de gracia. A muchos de mis compañeritos de primaria y secundaria no los he vuelto ver, y la verdad es que muchas veces quisiera tenerlos de nuevo en frente y  disculparme de mis torpezas.

La mujer Samarita nos ha dejado grandes ejemplos durante todo el estudio que ya vamos concluyendo, pero el resultado de uno en particular lo vemos en  el versículo 39 de Juan 4; pero antes quisiera que recordemos como fue aquella mujer antes del encuentro con el Salvador.

Ella fue una mujer inmoral  y con seguridad sus conciudadanos la despreciaban, ¿te has sentido alguna vez así? Despreciada, por quienes te rodean, señalada, murmurada, uf! Yo también he estado en ese lugar, por eso puedo imaginar lo doloroso que habrá sido para ella todo eso, y hasta puedo asegurar que ni salía de su casa por no cruzarse con aquellas miradas acusadoras, que le recordaban sus pecados, que la condenaban; pero luego de haber descubierto al salvador del mundo, fue a su pueblo a contárselos, ¡sí! fue donde aquellos hombres y mujeres que la despreciaban, aquella mujer les decía: “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho”… ella ya no era misma, ¡por supuesto que no!, ahora era una nueva criatura, que había sido despojada de sus pecados, de sus miedos, aquella mujer llena de amor, había encontrado al agua de  la vida eterna y no se quedó con esa agua para sí sola; sino a pesar de que aquellas personas no la querían, ella les compartió del agua que había recibido y les invito a que ellos mismo fueran a conocer al Salvador y fueron. Ella pagó con bien el mal que había recibido por tanto tiempo y luego sucedió el resultado que les mencionaba:

…muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.
Juan 4:39

Dejando atrás el pasado que nos impide hacer el bien a aquellos que una vez nos hicieron mal, sigamos el ejemplo del Señor Jesús, quien conociendo que iba a ser difícil la conversación con aquella mujer, lo hizo, porque sabía el fruto que ello iba a dar; pero sigamos también el ejemplo de aquella mujer Samaritana y demos testimonio de la salvación que hemos recibido ¿ya vino a tu mente alguien con quien podrías empezar? A mí sí y les confieso que aún hay temor en mí, pero iré. Amadas mías, Él Señor nos ayuda a hacer lo correcto, él nos ayuda a ser valientes, y recordemos ya no somos aquellas mujeres del pasado, somos nuevas criaturas. Entonces qué ¿Iras tu también?

No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
Romanos 12:17






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ACERCA DEL AUTOR

Sandra Karina Condori





Tiene 28 años, de nacionalidad boliviana, soltera.
 Convencida que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta. Sirve al Señor en el Ministerio de niños de su Iglesia local y 
a mujeres y jovencitas a través de ADG.






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recuerda que estamos estudiando la serie: Samaritana - vulnerables ante Cristo 



puedes revisar aquí la semana 1  - Él nos busca 


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