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LA PIEZA DE UN ROMPECABEZAS




Recuerdan la historia del “patito feo”.  Así se sienten muchas personas que se consideran excluidas de un determinado grupo social,  sin una razón  que lo justifique o ya sea porque haya suficientes motivos que hagan que puedan hacer sentirse así. Algunas veces son situaciones relacionadas con nuestra apariencia, limitaciones físicas, económicas, con nuestras actitudes o la moral.

Sí de algo podemos estar seguras y sin conocer mucho de lo que había en el corazón de la mujer samaritana, es que seguramente se sentía excluida. Los ojos de un pueblo que le juzgaba por su estilo de vida y su conciencia que la hacía auto condenarse.

A todas nos gusta relacionarnos con amigas, buscamos pretextos para estar juntas,  horarios que nos conecten  físicamente o de manera virtual para estar en comunicación.

La mujer Samaritana de nuestra historia necesitaba hacer diariamente una tarea que era común para las mujeres de su pueblo y de su época. Sin embargo opuesto a las demás ella lo hacía solitaria, sin una amiga que le acompañase y a una hora poco común para encontrarse con más gente.

Según una investigación de la Universidad de Purdue en West Lafayette, Indiana (Estados Unidos). “La necesidad de permanecer en conexión con otras personas es tan potente en los seres humanos que, incluso ser ignorado por un desconocido, puede hacer que una persona se sienta excluida y experimente malestar”.

“la angustia, la ansiedad, el sentimiento de soledad, el miedo, el rechazo, el aislamiento son algunas de las manifestaciones más comunes del sentirse excluido”.

Lo sobrenatural de esta historia es cuando Jesús entra en Acción a la vida de la mujer samaritana.

Y en esto vinieron sus discípulos, y maravillándose de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?
San Juan 4:27

La  razón por la que los discípulos se sorprendieran de que Jesús estuviera hablando con una mujer aunque en nuestra cultura puede ser normal,  era porque entre los judíos había un precepto de no hablar con una mujer en la calle, ni con su propia esposa  pero  ninguno le dijo nada debido al respeto y la reverencia que sentían por él.

En años,  o quizá nunca ella  había tenido una conversación de tal magnitud. Y es que ese efecto es el que precisamente sigue causando Jesús en nuestras vidas  cuando escuchamos su mensaje de salvación y al permitir  abrirle nuestro corazón provoca sentirnos importantes ante los  ojos de alguien,  quien nos hace entender que hemos sido creadas  con propósito especial.

El no sentirnos condenadas sino amadas nos motiva a dejar viejos hábitos y cambiar nuestra perspectiva del mundo y las personas. Fuimos creadas para relacionarnos porque nuestro propósito está anclado a ello.
Cuando vemos una sola pieza de un rompecabezas quizá no tenga forma ni sentid , pero ha sido especialmente diseñada para ser el complemento de un cuadro perfecto.

La mujer desapareció rápidamente de la escena y fue a la ciudad. El evangelista observa que dejó allí su cántaro, había empezado a sentir la urgencia de comunicar a todos el descubrimiento que acababa de hacer. No es difícil entender que su corazón estaba rebosando de alegría por todo lo que había escuchado, llevar el cántaro con ella sólo serviría para retrasarla o  también tenía la intención de regresar a donde estaba Jesús.

“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer;
 porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.
Gálatas 3:28

Imagino el cambio en su rostro, ya que después de ésta charla la vida de nuestra Samaritana ya no volvió a ser la misma. No solo entendió que era amada y  perdonada sino que tenía un propósito. Todo ello la acercaba ahora a las apersonas quienes antes la miraban de manera diferente o  la juzgaban por sus actos. El mismo mensaje era para ellos.
La necesidad que repentinamente comenzó a tener de compartir con los habitantes de su ciudad las verdades que acababa de descubrir acerca de Jesús, el Salvador del mundo. Ante tanta maravilla no podía permanecer callada. Y esto es también una hermosa prueba de la nueva vida en Cristo.

Una nueva samaritana que lejos de sentirse excluida  ahora se sentía parte de un plan y una verdad que compartir.

Como un barro en sus preciosas manos.
Grethel Elías Ruiz.



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ACERCA DEL AUTOR



                                       Grethel Elías Ruiz   
Guatemalteca y madre de dos increíbles chicas. Desde muy pequeña ha servido a Dios. Pero no fue hasta hace unos años cuando experimentó la separación de su esposo que le hizo tener un encuentro personal con Dios. Le apasiona compartir  del amor de Dios a través de su testimonio. Comparte en un programa de radio y atiende consejería. Conectada con cientos de mujeres en el mundo ella es parte del equipo de líderes de Ama a Dios grandemente desde 2016





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