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Una pacificadora más



El Premio Nobel de la Paz es uno de los  cinco premios  que fueron instituidos por el inventor  Alfred Nobel. Este premio se otorga "a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos  y la promoción de procesos de paz".  Hemos admirado  a éstas personalidades por hacer histórica pasando   por alto que nosotras mismas en el reino de los cielos somos ya acreedoras de un gran galardón otorgado por Dios mismo.

Las bienaventuranzas recogen y perfeccionan las promesas de Dios desde el antiguo testamento ordenándolas al Reino de los cielos. Estas palabras de bien, responden al deseo de gozo que Dios ha puesto en el corazón del hombre, en este caso nuestro corazón.

Jesús pronunció las palabras citadas en Mateo 5:9

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.


Refiriéndose a una recompensa para quienes vivamos a través de ellas. Nada más y nada menos que ser llamadas sus hijas.  La interrogante quizá sería ¿qué tienen que ver con nosotras el tema de promover la paz?,  creyendo que es únicamente para gente ilustre, o dentro del ámbito político-social.

La palabra Batalla o “estar en guerra”  está de moda refiriéndose  a todas aquellas situaciones que enfrentamos a diario que no son nada fácil, sino que por el contrario se convierten en luchas y retos que afectan nuestras relaciones, emociones, el estado físico y porque no, también el área espiritual.

Los días empiezan contra reloj, tráfico, tareas, responsabilidades, trato con personas, desavenencias, críticas, rechazo, enemistades, engaño,  y la lista es interminable,  en resumen , situaciones que nos roban la Paz.

George Washington el primer presidente de los Estados unidos, quien llevara las fuerzas patriotas a la victoria en la guerra de independencia dijo:
“Estar preparados para la guerra es uno de los medios más eficaces para conservar la paz”. Sin embargo para nosotras como hijas de Dios la manera de cómo prepararnos es diferente ya que radica en vivir a través de su paz día a día.

Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”
Colosenses 3:15

Éstas palabras debemos guardar en nuestro corazón para que se  conviertan en el arma necesaria para vencer los obstáculos y problemas. No se resuelven evitándolos, ni mucho menos huyendo, sino enfrentándolos con la convicción de que es a través de Dios y su presencia que podemos experimentar paz y luego la sabiduría conforme Dios nos aconseja.

Contra cada batalla que enfrentamos hay una promesa de parte de Dios, una Palabra llena de verdad, de poder y amor para nosotras sus hijas.

Bienaventurado es ser dichoso, cada bienaventuranza habla de como ser afortunadas y felices, y aunque éstas palabras no prometen carcajadas, placer ni prosperidad terrenal ya que conforme a lo que Jesús vino a enseñarnos, la felicidad es esperanza y gozo independientemente de las circunstancias externas. Cosa que resulta muy difícil cuando las discusiones, discordias, celos, envidias abundan en nuestro entorno.

EL  mundo nos dice,  ¡pelea, defiende tus derechos, no te quedes callada, tienes la razón, es injusto, hay que buscar venganza!

Dios, hoy nos recuerda la forma como desea que enfrentemos éstas dificultades enseñándonos a hacerlo a su manera, Dios es un Dios de paz.  Así que la promesa de ser sus hijas es el resultado de vivir a través de su Espíritu de Paz que mora en nosotras   que nos dirige también al pasaje de Lucas 6:35

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.”

El pacificador  trabaja por la paz, así que Dios nos pide realizar acciones no solo en determinadas  áreas de nuestra vida sino en todos los ámbitos y con las personas. A ser tolerantes y no guardar resentimiento a establecer enlaces con los demás para evitar la hostilidad a buscar la reconciliación.  Jesús amó a todo el mundo, aunque el mundo estaba en rebelión contra Dios. El nos pide seguir su ejemplo amando aún a nuestros enemigos.

Al final practicarlo nos traerá dicha, sí la dicha de ser sus hijas, de vivir recibiendo su amor para dar de ese amor, de experimentar una paz inexplicable sin importar si estamos en guerra, ya que el resultado final de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas es una paz profunda y duradera.




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ACERCA DEL AUTOR



                                       Grethel Elías Ruiz   
Guatemalteca y madre de dos increíbles chicas. Desde muy pequeña ha servido a Dios. Pero no fue hasta hace unos años cuando experimentó la separación de su esposo que le hizo tener un encuentro personal con Dios. Le apasiona compartir  del amor de Dios a través de su testimonio. Comparte en un programa de radio y atiende consejería. Conectada con cientos de mujeres en el mundo ella es parte del equipo de líderes de Ama a Dios grandemente desde 2016





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