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El legado de un credo



“Creo en Dios padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único hijo, Señor nuestro…, etc.”

Si alguna vez escuchaste recitar esta oración, te darás cuenta que se trata del credo apostólico, que apareció de diversas maneras durante los primeros siglos de la iglesia, pero que fue estandarizado cerca del año 700 d.C en latín y que ha perdurado hasta nuestros días.

La palabra credo deriva justamente del término latín que significa “Yo creo”, así que los credos son básicamente un conjunto de frases que contienen importantes convicciones y principios que identifican a un individuo o a una comunidad.

Estas frases cortas comenzaron a tener un uso frecuente durante los primeros siglos de la iglesia como una forma sencilla pero contundente de transmitir y preservar el mensaje del evangelio. Luego de la muerte y resurrección del Señor Jesucristo hubo mucha conmoción entre el pueblo de Israel, la gente estaba perpleja, asombrada y cautivada por responder la pregunta ¿Dónde está el cuerpo de Jesús? E inmediatamente muchos comenzaron a dar testimonio de haberlo visto ¡vivo!

El testimonio de los primeros creyentes comenzó a ser divulgado, pero a la par del testimonio verídico, había también especulaciones falsas que anulaban el hecho de la resurrección de Cristo y su deidad. Puedo imaginar a los discípulos preguntarse: “¿Cómo explicar todo el ministerio de Cristo sin distorsionar la verdad y mantener puro el mensaje?”.

Dado que los escritos no eran accesibles al pueblo en general, la mejor forma de transmitir el mensaje fue mediante estas frases cortas y contundentes que ayudaban a las personas a entender la esencia del evangelio y a la vez una herramienta de defensa para preservarlo.

Así que lo que salta a nuestra vista en la carta de Pablo a los Corintios es posiblemente uno de los primeros credos que se transmitieron después de la resurrección de Cristo.

“Porque primeramente os he enseñado lo que así mismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce”. 1 Corintios 15:3-5

Lo primero que salta a la vista es que Pablo recibió esta forma de enseñanza de una manera cuidadosa y que ahora transmite a los Corintios con el mismo énfasis. Lo que está contenido en estas cortas líneas son verdades no negociables del evangelio: Pablo hace referencia en primer lugar a la crucifixión de Cristo no como evento aislado, sino con un sustento profético del que daban testimonio las escrituras de los judíos.

Las especulaciones de la gente eran cosas como: “No fue sepultado, robaron su cuerpo. No resucitó, sus discípulos ven alucinaciones”.  Pero contrarrestando estas falsedades, lo segundo y tercero que hace notar esta enseñanza transmitida a Pablo y por Pablo es la referencia a la sepultura y la resurrección de Cristo, otra vez con base en las escrituras. Y en cuarto lugar están las referencias a las apariciones de Jesús y el testimonio de estas personas.

¿Hay lugar para afirmar que estos hechos sean sólo una leyenda? Absolutamente no. Tenemos suficiente evidencia e incluso probada científicamente de que el testimonio que ha llegado ante nuestros oídos es verídico.

El Credo de los Apóstoles es un resumen narrativo de la fe cristiana. Esto apunta al hecho de que incluso cuando nosotros creemos que cada palabra de la Biblia es la inerrante e infalible Palabra de Dios, necesitamos de un resumen que ayude a las personas a entender cuál es la esencia del evangelio. El Credo de los Apóstoles es ese tipo de resumen. Emergió muy temprano en la tradición cristiana, encapsulando lo que los apóstoles enseñaron en base a la revelación de Cristo que ellos tuvieron concerniente a la esencia de la fe: “Creo”, todo emana de allí. Lo que es importante es que el Credo de los Apóstoles nos ayuda a decir todo lo que tenemos que decir para poder comunicar el evangelio. [Dr. Albert Mohler, Jr.]

Las sagradas escrituras, las trasmisiones de los apóstoles y el testimonio de los creyentes, nos han legado por generaciones las bases de nuestra fe. Yo creo, nosotros creemos. ¿Crees tú?



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